Todo estaba oscuro, no habia ningún signo de vida, aún así, sentia miedo. No podia dejar de mirar a ambos lados. Un sudor frio recorria su cuerpo. Percibia peligro, pero este no aparecia, se estaría volviendo loco? Inspiró profundamente. Debo tranquilizarme, se dijo. Miró a amos lados, pero solo vio tenebras. Suspiró, y alerta todo el rato, empezó a caminar. No sabría cuanto tiempo estubo caminando, pero a cada paso una angustia inexplicable le invadia el cuerpo. Su respiración se agitó, su corazón empezó a palpitar con fuerza. Que estava ocurriendo? Empezó a correr, dejandose llevar por el panico. De repente desapareció el suelo debajo de sus pies. Intento agarrarse en la oscuridad, pero no havia nada. Cayó. Mientras caía pudo ver, como si fuera una película, pasages de su vida; cuando se le cayó su primer diente de leche... Su décimo aniversario... Su primera cacería... Cuando conoció a su esposa... Cuando tubieron a Heler... El priemer diente de leche de Heler... De repente las imagenes dejaron de llegar y volvió la oscuridad. Donde están!, gritó, donde se han ido! De repente toco suelo, suavemente. Miró a su alrededor. Estava en casa, depié. Era el dia del Décimo cumpleaños de Heler. Se veia a el y su mujer a la mesa, y a Heler ir muy contento hacia la puerta, donde acababan de llamar. DE repente se acordó, con un arrebatamiento de pánico, lo que ocurriria a continuación. Salió corriendo al mismo instante que su otro yo se levantó también, torbado por algo. Se pusó delante de la puerta.
-No abras!-Dijeron el y su otro yo a la vez.
Heler abrió la puerta y él se giró. Enfrente de ellos havia un hombre encapuchado, del cual solo se veian ses finos labios.
- Estupidos humanos- dijo.
Se puso entre el hombre y su hijo. Detente!, gritó. El hombre levantó la mano y por su horror, un rayo azul lo atravesó, quitando la vida a Heler. Antes de despertarse tubo tiempo de girarse y ver la sorpresa y el horror en los ojos de su hijo.
Un triste amanecer
Cuando amaneció todavia no habia dejado de llorar, pero hace ya tiempo que no lloraba de tristeza, sino de rabia e impotencia. Deberia de haberlo llevado a él, y no a su hijo, se repetia. Cuando se calmó, para entonces ya habia hecho un agujero al suelo de tanto golpear con el puño y la cabeza, ya era mediodia. Se limpió las lágrimas de los ojos y cogió el cuerpo innerte de su hijo y lo sacó a fuera, donde el humo del pueblo quemando lo cubría todo. Una explosión procedente de algún transporte hizo eco con la Montaña Sagrada. Él no le hizo caso, y dejo a su hijo encima del césped del pequeño jardín. Le cerró los párpados con la mano y le hizo un beso en la frente. Volvió a entrar en la casa. Cogió con mucho cuidado la cabeza de su mujer. Si no fuera porque estaba desprendida del cuerpo, parecería dormida. Observarla hizo que se le derramaran unas pocas lagrimas, pero enseguida sacudió la cabeza y se las limpió. Ese no era el momento de llorar, se dijo. Dejó la cabeza de la mujer junto al cuerpo de su hijo y fue a buscar el destrozado cuerpo de su esposa. Tubo que contener las nauseas. Las tripas salian por donde su cuerpo se terminaba, y empezaban a oler relatibamente mal. No podia creer que ese despojo antaño era la mujer que ella amaba... aun así, sus preciosas piernas eran como ese entonces, que no iba más lejos que el dia de ayer. Ante esos pensamientos tubo que hacer un titanico esfuerzo para contener las lágrimas. No llores estupido, se decia. Dejó el "cuerpo" bajo la cabeza de su mujer y fue en busca de una pala. Y empezó a cabar. Era tradición enterrar los cuerpos, junto combustible y leña, y una vez soterrados quemarlos, pero él no podia hacerlo. Entonces, de repente, recordó que Heler, su hijo, dos dias antes, le vino corriendo, gritando, vivo... y le dijo que se le estaba a punto de caer el diente del saber, el último diente de leche. Él le sonrió y le remobió el pelo. Serás un gran cazador, le dijo. Y el niño sonrió haciendo mover el diente con la lengua... Miró el cuerpo de su hijo y se agachoó hacia él. Le abrió la boca y descubrió que ya se le había caído el diente. Le cerró la boca con cuidado y golpeó el suelo con rabia, justo al lado de la cabeza del niño. Hizo un grito que rebotó contra la montaña haciendolo perdurar hasta que se fue apagando, como la vida de su hijo... Entró en casa y encontró el diente junto la cama de su hijo. Este le habia dejado una nota. Sonrió y la desenvolvió. "Papà, Mamá cuando leyais esto yo estaré con el sabio en la Montaña Sagrada", son contubo un sollozno,"ya se me calló el diente! espero que me hagais una gran fiesta en cuanto vuelva hecho todo un cazador, ya que seré el mejor de todos!", una lagrima le resbaló por la mejilla...,"No tardaré mucho en volver, ya vereis, besitos! Heler". Miró al lado de la carta y allí estaba su pequeño diente. Lo cogió con mucho cariño y se lo guardó en un bolsillo, vigilando de no perderlo. Salió de nuevo afuera Y puso el cuerpo y la cabeza de su mujer de tal forma que pareciese que la carne que le faltaba yacía enterrada ya. Luego puso su hijo con la cabeza junto a la de su madre, mejilla con mejilla. Salió del hoyo. Los miró, y, con gran dolor, empezó a colgarlos de tierra. Poco a poco se llenaba el agujero, hasta que solo las cabezas de su esposa y su hijo sobresalian. Hizo una palada y cubrió de tierra el bello cabello de su mujer. Hizo otra y cubrio su bonita tez. A la siguiente cubrió a su hijo, y entre lágrimas y susurros de que no debia llorar, terminó de enterrarlos. Puso encima de la tumba seis piedras, formando un hexágono perfecto, y en medio clavó la pala, señalando el lugar donde dormirían eternamente sus seres más queridos.
Un cumpleaños...
Era una bonita mañana de otoño, un dia claro, sin muhcas nubes. El sol ya no calentaba tanto como en verano, y eso hacia sentir a Heler fresco y alegre, aunque tubiera que ir algo abrigado para no resfriarse. Heler era, por ese entonces, un chico innocente, que vivia con su familia en un pequeño pueblo de humanos, más allà del Desierto del Innoble. De pelo negro azabache y ojos castaños, oscuros, como las hojas que caían de los arboles que rodeaban su casa y su pueblo. Ese dia era un dia muy especial, puesto que Heler cumplia los 10 años. Los 10 años era la edad en que los niños del pueblo empezaban sus enzeñanzas de caza, y empezaban a ir con los mayores durante largas jornadas en la primavera y el verano para conseguir comida suficiente para poder soportar el frío invierno. Heler corría y jugueteaba entre los arboles, junto con sus mejores amigos, Ferth y Ank. Estos dos tenia la misma edad que Heler, pero cumplian los años en Diciembre. Los tres chicos estubieron toda la mañana jugando ha hacer ver que cazavan los Grandes Animales de los que sus padres siempre hablaban. Decian que el más pequeño era como diez hombres de alto y más largo que un carro de transporte. Al medio dia, se sentaron los tres al umbral de la casa de Heler, jadeando, cansados, pero contentos y felices. Heler estaba muy nervioso, en brebe empezaría la ceremonia de iniciación. Cada año se celebraban una o dos ceremonias en el pueblo o los alrededores, Y Heler intentaba no perderse nunca ninguna. Las ceremonias empezaban despues de la comida del mediodia, quando el Capataz del pueblo iba hasta la casa del afortunado, con un seguicio donde se encontraba la mayoaria del pueblo y la mitad de los del alrededor. El niño se sentaba en un trono que tenian que hacer los padres, y lo llevaban a cuestas por todo el poblado, hasta el claro, donde un gran monton de leña llenava el centro. Entonces el niño bajaba del trono y este lo ponian encima de la hoguera, representando la niñez. Seguidamente los bardos empezaban a tocar música. Sonaban guitarras, tambores, y, depende del pueblo, hasta uno o dos pianos. Era una celebración magnífica. Cuando empezaba a oscurecer, el chico prendia fuego a la leña con una gran torcha, y todo el mundo silenciaba hasta que el trono ardía con fuerza, entonces volvía la alegria, pero el chico iniciado era llevado junto al Maestro del pueblo, junto el cual se despedia de la fiesta, bajo los gritos y vítores de la gente. El chico se iba con el sabio, y no volvía hasta al cabo de mucho tiempo. Algunos tardaban semanas, otros meses. Aveces llegaban con horribles cicatrices, y otras, bueno, ni sus padres llegaban a reconocerlos. Pero a Heler eso no parecía importarle, pues estaba convencido que solo estaría con el sabio una semana, no, ni una semana, él estaba convencido que en un dia ya seria un cazador. Sus amigos le daban la razón y lo animaban, y luego se reían cuando Heler hacia posturas imitando a un supuesto "experto" cazador.Los chicos estaban riendose cuando la madre de Heler le llamó para comer. El chico se despidió de sus amigos y entró en casa. Heler siempre comia mucho, pero ese dia no probó bocado. Sus padres le sonreían. Era normal, pensaban, ellos tampoco podrían comer. Su padre, el dia de su inniciación, estubo sentado en el trono desde el amanecer. El padré de Heler sonrió al recordarlo. Súbitamente llamaron a la puerta. Heler saltó de la silla y fue hacia la puerta, corriendo. El padre del niño tubo un mal presentimiento. Su "Sentido" de cazador le advirtió peligro, aunque no comprendia porqué.
- No abras! -gritó levantandose, sobresaltando a su mujer, y corriendo hacia el chico.
Pero Heler estava cegado por la impaciencia de la Inniciación y abrió la puerta. Tras el umbral, a la calle, enfrente el chico, habia un hombre, enfundado en una capa con capucha que le ocultaba el rostro, dejándole solo al descubierto una boca con unos finos labios quemostraban una burlona sonrisa de desprecio.

- Estupidos humanos- soltó.
Heler tenia los ojos muy abiertos. Su madre chilló y su padre saltó para apartar a su hijo de ese extraño ser. El encapuchado levantó la mano y sonriendo una vez más, un chorro de energia recorrió su brazo, disparando un rayo de luz azul que lanzó a Heler por los aires, junto a su padre que ya le abia alcanzado y le tenia cojido en brazos. Antes de perder el conocimiento, el padre de Heler, sintió como la vida avandonaba el cuerpo de su hijo...
Despertó horas después. Ya era oscuro, y el silencio lo cubría todo. El hombre meneó la cabeza para recordar que sucedió, cuando notó un bulto encima su pecho. Se levantó con cuidado, dejanto el cuerpo que tenia encima, delicadamente, al suelo, y se fue a buscar unas velas, pues la oscuridad todo lo reinaba. Al volver y encontrar el cuerpo de su hijo, muerto, aun con los hojos abiertos de la sorpresa lo recordó todo. Se dejó caer de rodillas. Soltó la vela, que cayó y se apagó, dejandolo a oscuras otra vez. Se arrastró por la casa, buscando a su mujer, y la encontró. Tocó su cabello, bajo la mesa del comedor. A lo mejor se pudo esconder del mago, pensó, a lo mejor aun está viva. Siguió su melena hasta encontrarse con su rostro. Se alarmó cuando tocó sus sienes. Estaban heladas! Continuó palpando, a oscuras el rostro de su mujer, sus ojos, su bonita nariz, sus sensuales labios... su mentón. Entonces quiso tocarle el pecho para saber si aun le latia el corazon, pero no encontro tal cosa. Se quedó helado. Su cabeza habia golpeado con algo que parecía ser una pierna. Salió corriendo de debajo la mesa, chocandose contra sillas y muebles, hasta que cayó de bruces al suelo, junto a su hijo. Ahora, un pequeño incendio en el pueblo iluminaba la estancia. Su hijo llacía muerrto enfrente de él, y detras estaba su mujer, de la qual solo quedaban la cabeza y las piernas hasta media cintura, del resto solo quedaba el testimonio del rojizo liquido que empapaba el suelo y las paredes y, ahora tambien, las manos y prendas de él. Se quedo al suelo, tumbado y agotado, y lloró.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)